Antonio Rojas “Especies de espacios”

Antonio Rojas “Especies de espacios”
Del 30 de junio al 25 de julio de 2011

Las promesas del día

Al comenzar el día, una bocanada de aire fresco atraviesa la tela. El amanecer está lleno de promesas, no en vano es el comienzo. Al pintar uno ha de buscar el símil de ese momento diario para toparse con “las promesas del día”.

Antes de pintar: largo tiempo aguardando el momento. Con el temor de no estar preparado. Tal vez no tener nada que decir… Aunque pueda parecer paradójico éste es un sentimiento profundamente arraigado en mi interior; Me refiero a “tener algo que decir”. Porque en el fondo yo confío o intuyo que debe ser algo verdaderamente universal, que desde lo particular trate de aflorar a través de las imágenes.

La pintura que en estos momentos concibo no renuncia a la artesanía. El estilo es la forma o el modo natural que cada uno tiene de hacer las cosas. Cualquier cosa. El lenguaje es aquello que una vez descubierto nos cuesta asumir; por creer que es necesario cambiar de lenguaje para evolucionar. En pintura (evolucionar) es algo que lleva tiempo.

La creatividad obedece a un impulso interior y ha de manifestarse a través del estilo y del propio mundo del artista; O mejor dicho, a pesar de ello.

¿Y por que no pintas esto, o aquello? Que más da… ¡si la pintura interior ha de surgir inevitablemente a través de las formas de lo conocido, cercano o afín!… Por algún sitio debemos comenzar. Más tarde nos daremos cuenta de que siempre habremos de estar comenzando.

Cada cierto tiempo pinto un cuadro nuevo del puerto de Tarifa. Es la luz lo que estoy pintando. El puerto es el lugar cuya especial orientación geográfica y posición frente al sol lo convierten para mí en el marco perfecto para algunas meditaciones: en torno a la luz, la verticalidad ligada al plano del lienzo, y la aparición de las formas. Al pasar el tiempo yo me alejo, pero el lugar permanece; pintar el puerto se convierte así en algo parecido a abrir una ventana a ese “lugar permanente”.

El Arte proporciona una gran libertad: aquella que uno (como artista) esté preparado para tomarse.

Antes de pintar: a uno le acechan los temores. Temores que no son solo sospechas y la mayoría de las veces terminan enredándonos. Cuándo felizmente surge una serie, el miedo o el temor está en el agotamiento de ésta (¿y después qué?) uno termina pensando de forma inconsciente en los resultados que se están obteniendo y en ocasiones caemos en la trampa de no realizar obras definitivas para no perder la oportunidad de superarnos en el futuro. Que perdida de tiempo y que estupidez más grande la del tópico de la superación.

Es difícil hablar de lo que uno hace; por tratarse de algo frágil y siempre en proceso de construcción, algo que apenas existe si uno deja de prestarle atención… estamos en el terreno de lo intuitivo.

De lo que quiero comunicar o expresar a veces sospecho que no existe el contenido, y me consuelo pensando que el vehículo es bueno. Que el contenido sea difuso no quiere decir que no exista. El vehículo parece ser bueno porque proporciona un marco riguroso y estable desde el que poder dar forma a las diferentes configuraciones; el resultado solo suele ser aproximaciones a las ideas iniciales o “ilusiones”. Tal vez nuestro pensamiento no discurra paralelo a nuestros logros, pero a veces el resultado nos da la razón. No obstante sería estúpido creer demasiado en los resultados y olvidar el mecanismo que los produce.

Ante todo me interesa la pintura, por eso descarto los caminos que me pueden situar fuera de ella. En cierto modo la pintura trata de sí misma, de la luz, etc. y también del movimiento. Al producir ésta imágenes estáticas, yo siento la necesidad de reflejar el movimiento del pincel, es decir: tener en cuenta la presencia física del propio pintor ante el lienzo. Eso es algo que desde Picasso y Pollock no podemos ignorar. La pintura no se debería considerar estática aunque el resultado así lo demuestre. En la mente del pintor el proceso de configuración de imágenes está en constante movimiento. El artista actúa en el acto de fijar o retener esas aproximaciones a las propias ideas; por lo tanto la pintura es el resultado de ese continuo movimiento… Definitivamente no es estática.

Son pocos años, tal vez (con un poco de suerte) media vida, pero uno sigue persiguiendo el mismo objetivo; no obstante el mundo mientras tanto ha cambiado a pasos agigantados.

Antes de pintar: mi pensamiento se debate entre una serie de contradicciones. Hasta aquí y tras el camino recorrido cualquier “artista” con mi trayectoria podría estar tranquilo. Es evidente que yo no lo estoy. Mirándolo desde el lado positivo el hecho de tener una forma reconocible (estilo) de trabajar permite crear un “marco” desde el que poder indagar profundizando, evitando así la dispersión. El gran inconveniente es lógicamente el de la limitación auto-impuesta. El objetivo parece ser siempre el de trascender lo visible. Es decir: el objeto pintado no es ya solo ese objeto sino que al mismo tiempo es la síntesis de todos los objetos ( por Ej. Una ventana/ todas las ventanas). Entre esas contradicciones lo narrativo: mi pintura no es narrativa, no puede serlo aunque ilustre algo, ese algo no es una narración. A veces trata de aparecer como metáfora, pero estas resultan demasiado obvias. Ese “algo” ilustrado parece tener carácter abstracto aunque los diferentes elementos proceden de formas sintetizadas de objetos reales. La inquietud y extrañeza que han de trasmitir esos conjuntos de imágenes dependen directamente de mi propia experiencia; de otro modo sería falso el efecto conseguido. Esta actitud por supuesto no parece ir con los tiempos que corren. Ni siquiera es políticamente correcta. Pero a mí que me importa… si yo creo que el verdadero compromiso del artista (en mi caso) es consigo mismo, con sus propias intuiciones. Esto nos lleva a un arte verdaderamente intuitivo.

Las pequeñas trampas pretenden atrapar al ojo: se trata de hacer reflexionar al observador acerca de la naturaleza de lo representado y sobre todo acerca de los limites de la pintura o lo pintado.

La pintura puede ser un acto de amor en múltiples manifestaciones; pero, sobre todo amor hacia quien va a contemplar el resultado. Es con él con quien se cuenta desde el principio, aunque a veces pretendamos ignorarle tratando de imponer nuestro “yo”. El espectador se convierte en testigo de nuestro “yo”. Cuando el trabajo es verdadero (sincero) ese acto de amor se produce y es entonces cuando podemos ser verdaderamente generosos.

Pintar puede ser parecido a interpretar (sentido musical). De este modo si nos olvidamos del instrumento (el propio pintor) e ignoramos que pudiera estar desafinado el resultado sería desastroso.

Las pequeñas trampas pretenden atrapar al ojo: se trata de hacer reflexionar al observador acerca de la naturaleza de lo representado y sobre todo acerca de los limites de la pintura o lo pintado.

No me preocupa el color. Me preocupa la luminosidad.

El muro plano no es liso; es esponjoso y atrapa la luz. Saturado de luz es absorbente. En cierto modo recuerda una pared cualquiera del hogar. Esto te hace contemplar o imaginar el mundo desde o a través de un lugar donde nos sentimos protegidos.

La luz ha de caer derramándose sobre las formas. Los volúmenes se han de adivinar gracias a las partes sombreadas.

Pintar superficies neutras y planas, y sin gran decoración, equivale a “contar” en voz baja. Amo el silencio y la quietud. Esa quietud y nitidez a las que hace referencia Gianni Celati.

Pintar superficies neutras y planas, y sin gran decoración, equivale a “contar” en voz baja. Amo el silencio y la quietud. Esa quietud y nitidez a las que hace referencia Gianni Celati.

La apariencia de las cosas. Reconstrucción. La materialización del deseo en la infancia.

Antonio Rojas

Noticias: La Voz de Cádiz

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